Cartas que me dijesen cosas bonitas

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Anoche soñé contigo. Era de esos sueños vivos, en los que te veo y soy consciente de que estoy soñando. Y sonrío y me recreo para verte un buen rato, que se me antoja una adorable eternidad.

Te echo tanto de menos, yaya…

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Delirios de una noche

Hace poco más de un año, cuando mi “cacharret” empezó a fallar y mi dolor volvió, fuerte e incontrolable, escribí esto, en una de tantas noches de desvelo en las que no sabía ni podía dormir.

Me medicaron de nuevo, acudía al psiquiatra (gracias), y a terapia con una psicóloga que me ayudó mucho. Porque me ayudó a ayudarme. Me enseñó a trabajar el dolor de tal manera que, aunque la terapia acabó, sigo esos aprendizajes cada día, desde entonces. Y me siento bastante mejor, en ese sentido.

Escribí esto en un momento en que me hundí por completo. Pero supe pedir ayuda, luchar, y sobrevivir. Aunque el resultado con el Neuroestimulador sea el que se preveía y se temía: retirarlo.

Cuánto lucharon por mí los médicos. Cuánto aprendí a luchar yo.

Ahora leo esto, y recuerdo esos meses. Pero ya no soy la misma. Soy yo, que aprendí tras salir del pozo. Como tantas veces he hecho, y como tantas otras haré. Como todos hacemos.

Le quería y le odiaba. Al Neuroestimulador. Ahora estoy viviendo muy intensamente su pérdida, días antes de que se “vaya”.

“Pudo ser y no fue, por ser la vida como es” . Cantaba Alejandro Sanz en aquella canción (Lo ves).

Y yo me alegro, ahora y desde el principio, aunque no fuera demasiado consciente, de que haya SIDO.

Porque al fin y al cabo, mañana será otro día 🍀😌

PANDORA TIENE LA LLAVE

Llevo casi diez años enferma. Aunque lo voy a estar siempre.
Llevo dentro de mi cuerpo un aparato que vibra para que pueda estar de pie y andar con menos dolor.
Dentro de mi cuerpo.
Con menos dolor. No sin dolor. Y no siempre.
Dentro…

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