Querido Murphy: ¡Déjame vivir!

Aquí estoy, casi un mes después de aquella absurda torcedura de tobillo.
Como tantas otras, de un pie y de otro. Porque cojeo y a veces “el equilibrio es imposible”, como dice la canción 😉.
Aquí estoy, tratada por el fisio. Con el tobillo desbloqueado.
Aquí, vista por mi médica de cabecera, siguiendo sus consejos.
Aquí estoy, esperando la llamada del Doctor Crack, cuando vuelva de vacaciones, previo aviso de lo que ha pasado a la enfermera, que tomó buena nota de todo.
Porque un esguince leve con Distrofia Simpática Refleja…

Y aquí estoy. Repitiéndome que NO NO NO por favor. No te simpatices, derecha. Por favor…
Pero lo ha hecho. Un par de días. Desde el dedo meñique hasta el pelo. Toda la derecha. Pierna, ingle, brazo y ojo incluído.
Exactamente igual que la izquierda lo lleva haciendo años.

Ahora reposo. Y espero. Y me extra-super-mega cuido.
Porque tengo miedo. Porque me duele mucho, de verdad. Porque sé que es dolor neuropático.

Pero aún quiero pensar que es puntual. Que no van a ser 4 de 4 miembros.

Que no, que no, que no.

Que la ESPERANZA es lo que queda en LA CAJA DE PANDORA.
🍀🍀🍀

PANDORA TIENE LA LLAVE

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Pues resulta que, en mi graciosa y perpetua cojera, me he torcido el pie derecho. El único de mis 4 miembros que “está bien” 😓.

Y tengo un esguince. Leve, pero un esguince en una “Simpática” puede ser fatal. Así es como empieza la enfermedad, con un traumatismo que no parecía nada grave…

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