No puedo vivir sin MÍ

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Cuando tu cuerpo está dañado y la ciencia te falla, ¿qué haces?.

Cuando no encuentras las fuerzas para soportar tanto dolor, físico y emocional, y frustración, y agotamiento, también físico y emocional, ¿cómo remontas y sigues adelante?.

Hay una persona que tienes muy cerca y, aunque no lo creas, es tu mayor apoyo, quien mejor te conoce, y quien mejor puede ayudarte: TÚ.

Puedes estar a punto de perder la fe y la esperanza en tus tratamientos médicos. O aguantar un poco más, a ver qué tal resultan las cosas. Y dejarlo en un “ya veremos, ahora voy a intentar estar tranquila”, que sabes que es lo mejor. Y, como me gusta pensar y hacer, conseguir un poco de paz, y “cuando venga el baile, bailaremos”.

Puedes estar pensando en rendirte, y ser incapaz de ver algo “menos negativo” de la situación que estás viviendo.

Puedes vivir día a día lo mejor posible. Dejarte vencer si tienes la necesidad, y confiar en tu capacidad de lucha y superación, que sabes que está ahí, para levantarte y seguir mañana, o pasado. Cuando estés lista.

Puedes vivir aceptando cómo van surgiendo los acontecimientos. Sean esperados o no.

Puedes vivir sin muchas cosas. Incluso sin muchas personas.

Pero hay algo que no puedes hacer, de ninguna de las maneras: no puedes vivir sin ti.

Tú, que te sometes a intervenciones dolorosas con ánimo y positividad, esperamos que esta vez el efecto dure algún día más. ¿Sólo han sido dos? ¿¿¿Dos???. Bueno. Habrá una próxima vez. Quizá pasen unos meses, por aquello de las listas de espera para el quirófano, ya se sabe. Pero hay que ser “paciente”, esperar, y confiar.

Tú, que ahora te enfrentas a una situación que no sabes cómo abordarla. Que te sientes ahora miso incapaz de tomar una decisión de tal envergadura. Elegir entre un dolor y otro, de los de todos los días, de los de toda la vida. Con o sin aparato. ¿En serio? ¿Cómo voy a decidir eso? ¿Y si me equivoco? ¿Habrá vuelta atrás? ¿Tendré otros tratamientos y posibilidades más adelante, según vaya evolucionando o no mi enfermedad, mi estado físico?. No lo sé. Pero no lo puedo saber  Y ahora mismo me tengo centrar. Estamos en lo que estamos, para tomar la decisión que sea mejor, mi médico y yo, en unas semanas.

Pero no, no puedo hacer todas estas cosas sin mi ayuda. Sin mi fuerza, mi valentía, que sé que están por aquí. Sin mi capacidad para adaptarme a lo que sea. Sin mi criterio por el buen conocimiento de mi cuerpo y de mi ser (a estas alturas ya).

No puedo hacerlo sin MÍ.

Puedo hablar con mis personas más cercanas. Pero no me siento preparada. Si yo no sé qué hacer y siento que todo esto me viene grande, ¿qué van a saber ellos? Sí, puede que me venga bien desahogarme. Pero lo he intentado, un poquito, y me siento peor. Prefiero intentar estar en paz conmigo misma. Me estresa sobremanera ahora mismo mantener conversaciones, hablar de lo mismo una y otra vez. No es lo mismo, lo sé, pero es igual. Y ahora no puedo.

Me necesito a mí para superar este bache. Para cuidarme como yo sola sé hacer. Para pedir ayuda si la necesito, y para no hacerlo. Para seguir concentrada en escucharme y encontrar mi paz. Para todo lo que pueda necesitar, me necesito primero a mí.

Qué suerte de tenerme.

Qué suerte de tener otras muchas cosas.

Y qué narices, me lo voy a permitir: qué mal (no diré que es mala suerte, no lo creo así) tener otras cosas que no quiero tener. O que me hacen daño.

Qué difícil dormir tan poco y tan mal estas semanas.

Qué miedo haber tenido una laguna tan grande, pasando unos días sola en Madrid. Recordar lo que hice teniendo que leer mensajes que yo misma había escrito, y ser incapaz de recordar lo que hice: hacerme una prueba médica, entrar en un quirófano. Y recordarlo como en un sueño, en parte, y no recordar en absoluto otras partes. Quizá fue estrés y falta de sueño, dijeron. Estas cosas ocurren cuando cambias de rutinas. Y yo estaba en ir a ciudad. En espera que hablarlo con la neuróloga en mi próxima cita, no me preocupo en exceso. Pero sí lo tengo en cuenta, me da respeto. Suelo olvidar por completo cosas que digo. Pero cosas que hago, y de esta manera, nunca. Bueno, será ese estrés, ese dolor, y ese insomnio. Hay estudios de hablan de ello. Y le pasa a mucha gente. Al fin y al cabo, no fui consciente de esas “ausencias”. Yo tenía el recuerdo de un viaje cansado pero lleno de paz al mismo tiempo. Fue después cuando me di cuenta que que había olvidado casi todo. En fin…

Puedo racionalizar todo eso, confiar en los médicos, y esperar con paciencia las citas pendientes con ellos.

Puedo hacerlo. Porque cuento CONMIGO.

Como otras tantas personas que viven con una enfermedad y dolores incapacitantes, siento que es horrible vivir con tanto dolor, todas las horas, días, semanas, años. Siempre. Por mucho que tenga cosas buenas en mi vida, que las tengo. Por mucho que a veces me cueste concentrarme en ellas. Pero no deja de ser horrible. Lo siento así la mayoría de veces. Son más los días que me resulta insoportable. Y estoy luchando mucho. Simplemente ahora no puedo, me cuesta demasiado. Necesito todas mis fuerzas para mantenerme en paz y serena.

En esta vida todo pesa y todo pasa.

Esto también pasará.

Y no es un tópico típico, sé que lo hará. Como siempre lo hace. Y vendrán más cosas. Buenas y menos buenas.

¿Y sabéis qué? Yo estaré aquí, para afrontar unas y disfrutar otras.

Porque me tengo a MÍ conmigo. Siempre. Y eso nunca nunca se me puede ni se me va a olvidar.

 

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