“Tú no que no puedes” – Un arma de doble filo

 

Seguro que es una frase que habéis oído muchas veces, cuando tenéis un buen día, o simplemente un buen rato: “No, no, tranquila, no hagas esto, que TÚ NO PUEDES”.

¿Disculpa?

Se preocupan por ti. Claro. Pero, ¿y si cuando lo dicen, no te han preguntado antes cómo estás, y estás haciendo algún esfuerzo de los que sí puedes, y como ayer estabas mal y no se ha “actualizado tu estado“, de verdad están convencidos de que NO PUEDES?

Pues pasa que duele. Y mucho. Y considero que es un arma de doble filo. Porque, siendo lo mismo, según te lo digan y según te lo tomes, o te hunde y les das la razón, o te cabrea y te rebelas.

Yo sé – claro está basándome en mi día a día y teniendo en cuenta mis propios límites -, que hay cosas que no puedo hacer. Cosas que hago de otras manera. Y cosas que hago CON DOLOR. Pero las hago. Porque no tengo más remedio, o porque ya me he acostumbrado, y pese al dolor, las puedo hacer.

Pero la gente que nos rodea, muchas veces nuestra familia, se preocupa tanto, que nos ven incapaces de hacer más cosas que de las que sí somos capaces de hacer.

No me entendáis mal: mi familia sabe cómo estoy, me quiere y se preocupa por mí. Pero por los motivos que sea, no están todos los días. Ni mis amigos más cercanos. Cada día estoy con la persona con la que comparto mi vida, en casa. Y a mis amigos los veo cuando podemos, como todo el mundo. Mi familia me ayuda cuando lo preciso. Pero por lo que sea, no los tengo cada día en casa para las cosas cotidianas, o simplemente para ayudarme o cuidarme cuando se me acumulan los “días absurdos”. Aún así, me apaño. Lo he hecho siempre, y no me cuesta nada pedir ayuda cuando no puedo con algo. He aprendido a seleccionar, elegir, y cuidarme. Y eso implica no insistir en hacer algo que no puedo, o que me provoca mucho dolor, y dejar que me ayuden con toda naturalidad.

En breve se cumplirá el primer año de mi “Yo biónico”: mi vida con el neuroestimulador. Quiero dedicarle un post  porque realmente tengo mucho que decir. Pero, como he comentado otras veces, no me está yendo bien, en cuanto a aplacar mi dolor. Y desde luego las limitaciones son muchas más que antes de llevarlo…

SÍ QUE PUEDO, PERO CON DOLOR.

Hay tareas de la casa, de mi rutina diaria, que realizo sola. Si tengo en cuenta no agacharme, ni coger peso, no levantar los brazos, y no estirarme, aún hay cosas que puedo hacer 😅: poner una lavadora, cocinar algo no demasiado elaborado, lavar los platos (siempre dejo las cosas que pesan mucho), mi aseo personal, ordenar la ropa, quitar el polvo (de lo que está más a mano), pasar las escoba (sin hacer limpieza profunda, y desde luego de pasar el mocho ni hablamos)… Son cosas que puedo hacer bastante bien, si tengo un día bastante normal. Luego están las tareas “mixtas”, que son las que hago si me ayudan, como tender la ropa. Porque no puedo levantar el cesto con la ropa mojada, pero si me lo dejan en alto, la puedo tender. Y claro, luego están las cosas que no puedo hacer. Como la limpieza en profundidad, o algo tan tonto como hacerme la cama. Vaya, que aún no puedo agacharme y estirar los brazos, por ejemplo. Me duele demasiado la zona del aparatito.

En el último año he tenido que cambiar todos mis hábitos. No, no es fácil tener un aparato implantado en tu cuerpo. Donde antes me tumbaba o me apoyaba en mil cojines, ahora sigo sin poder apoyar la espalda, y evito que algo me roce. Donde antes, con dolor y las manos dormidas, me agachaba a limpiar, o podía llevar algo de peso, o mover cosas aunque fuera a rastras, ahora es imposible. Además, no debo. Los movimientos bruscos pueden ser fatales si se mueven los electrodos. Hay que tener muchísimo cuidado. Y además, es que duele mucho.

Todo eso lo sigo aprendiendo. Y aunque no se me caen los anillos por pedir ayuda, puedo hacer algunas cosas, aunque sea con dolor. Eso sí, siempre en días más o menos normales. Como os pasará también, en un mal día si no me quedo en la cama, necesito que me levanten de ella.

Pero, por favor, si veis que me muevo, NO ME DIGÁIS QUE NO PUEDO.

Acepto que me ofrezca ayuda, que me digan el casi automático “¿Puedes?” cuando me vean hacer algo, que comprendan que si solicito ayuda es porque la necesito. Pero NO NECESITO que cada acción se cuestione. Preguntadme cómo estoy hoy, que si tengo que decir algo lo haré. Pero NO DEIS POR SENTADO que hoy no puedo hacer esto porque ayer fue así, o será mañana. SI LO HAGO ES PORQUE PUEDO. Si no, soy la primera que ni se molesta, anda que no tengo la lección bien aprendida.

Hablo de casos más concretos, también más aislados, donde la preocupación de los demás nos haya hecho sentir “inútiles” alguna vez. Que aunque venga de nuestros seres queridos, es algo que pasa. Y ojo, lo comprendo. Bastante me cuesta casi todos los días entender qué pasa en mi cuerpo, como para pretender que los demás lo entiendan, y más sin saber cómo estoy en cada momento. Sí, ocurre, a veces se quedan con lo que no pudiste hacer el otro día, o con lo que ahora no haces por el nuevo “estatus biónico”. Lo comprendo, se preocupan. Solo que me gustaría que si ven que sí que hago una cosa, no me pregunten cada vez, o peor, que sin preguntar, den por hecho que no puedo. No lo hagáis, por favor.

En casa no ocurre eso, será quizá que con estar aquí todos los días, ya me he hecho entender. Simplemente, y tras una única conversación, quedó claro y visible que si hago algo es porque puedo, y si no, se queda por hacer, porque no puedo de ninguna manera. Y la ayuda, cuando la necesito, la pido. Y no hay más. Así estamos mucho más tranquilos, y me llevo un “Qué orgulloso estoy de ti” de vez en cuando 😊.

Y eso hace mucho. Os aseguro que hace mucho tiempo que no me fuerzo. Siempre he sido muy bruta. Pero ya no. Me cuido mucho más (su aprendizaje ha tenido, y sigo aprendiendo), y no me disgusto. Eso para mí es lo más importante: la opinión que tengo de mí misma. Pese a verme impotente como me veo muchas veces, pese al dolor, y pese a no poder hacer muchas cosas. Pese a todo, sigo pensando que valgo mucho, y que se trata de organizar mis posibilidades, y sentir que soy útil para las cosas que lo soy, y aceptar que hay cosas que ya no pueden ser. No es fácil, ni mucho menos. Pero tiene que ser así. Al menos para mí…

LAS COSAS QUE NO PUEDO HACER, PERO DUELE DEMASIADO NO HACERLAS.

Coger a mis sobrinos en brazos. Jugar, bañarlos. Cosas así. No puedo hacerlo porque me lo prohibió mi médico, así como coger peso, estirar los brazos  agacharme… Lo llevo muy mal, es lo que peor llevo. Yo les he cuidado mucho desde que nacieron, y lo sigo haciendo. Pero hay cosas, como las que nombro, que antes en un día no-malo podía hacer a mi manera, aunque solía ser con dolor, pero lo hacía, al fin y al cabo. Porque quería. Porque lo disfrutaba. Y luego ya gestionaba conmigo misma el precio a pagar, si es que lo había, que solía haberlo, claro. Ahora no puedo. Y no sólo porque lo diga mi médico. Porque me duele mucho la zona donde está el aparato. Demasiado. Porque, claro, lo he probado. Pasé meses sin cogerlos en brazos: me sentaba en el sofá y me los ponían al bracito. No puedo jugar con ellos en el suelo, con sus juguetes. Así que estamos aprendiendo a jugar a otras cosas. O a jugar estando yo sentada 😉.

Hay que reinventarse. Esto, como digo, es lo que peor llevo, porque estamos muy unidos y les veo mucho. Pero me tengo que aguantar. Eso sí, como mi familia sabe que hay movimientos que no puedo hacer, siempre andan pendientes de mí, que los peques no me hagan daño, que no les coja, bla bla bla. Parece que sea yo otra niña… Esto lo llevo fatal, como comprenderéis. Os aseguro que no hago nada que no deba, o que me vaya a provocar dolor. Con el aparato tengo mucho cuidado: aún casi no puedo ni yo rozar la zona, como para que me toque alguien. Por eso me fastidia que, aún teniendo yo cuidado, los demás estén tan pendientes. Sé que se preocupan por mí. Pero, ¿dónde acaba la preocupación y empieza la confianza en que YO SÉ LO QUE ME HAGO?. Es algo que no sé si conseguiré, y no les doy demasiadas explicaciones. Porque realmente me ven mal, y quieren protegerme tanto, que no se dan cuenta de que estoy batallando cada día, intentando comprender a mi cuerpo, y aprender de él y sus nuevas necesidades y límites, y parece que no vean que, si realmente no pudiera hacer algo, NO LO HARÍA. Da igual cuántas veces lo diga. Pero lo comprendo, aunque me toque las narices. Es sobreprotección. Y no hablo desde el enfado y el rencor. Lo que ocurre es que me cuesta tanto a veces decirme a mí misma que ya no puedo hacer tal cosa, que el hecho de que parezca que los demás decidan por mí, no lo soporto. Pero puedo llegar a entender que, como no me ven cada día, se queden con que hay cosas que no puedo hacer, y con que tengo mucho dolor. Por otra parte, aunque eso lo entiendo, no quita que me pueda cabrear que no respeten los límites que yo me pongo. Que entiendan que lo que sigo haciendo, o hago alguna vez, ES PORQUE PUEDO.

Creo que, ni es tan simple, ni tan complicado. Simplemente, confiad en mí, que no soy tonta. Sé cuidarme, sé decir NO, y juro que, por la parte que me toca, no tengo intención de hacer nada que sepa que me va a causar más dolor. Que el cuerpo es mío, ¡sería idiota si lo hiciera, a estas alturas!

Y todo esto suena muy lícito. Pero a los que nos quieren les cuesta mucho entender. Así que intento no sofocarme. Porque sé que lo hacen desde el cariño, aunque no me guste mucho, y yo tenga mi opinión. Porque además, nadie viene a limpiar la casa o a levantarme de la cama. Además, estoy muy tranquila en mi día a día, me siento cuidada y protegida. Aunque hay días en los que haga alguna tarea, no me siento coartada ni sobreprotegida. Aquí todos somos mayorcitos para ser sinceros y no ir de superhéroes. Yo, desde luego, podré haber sido muy bruta. Pero me conozco bien y me sé cuidar. En qué cabeza cabe que iba a hacer algo que me provoque mucho dolor, cuando el dolor ya viene solo cuando y como le da la gana, sin que nadie le haya invitado.

MI REFLEXIÓN:

No se le pueden pedir peras al olmo. Hago lo que quiero como puedo. Pido respeto, sin tener que dar explicaciones. Y lo obtengo. Con eso me basta. Me siento útil, y cuando estoy muy mal y me tienen que mover y cuidar, me dejo. Ya habrá días mejores. Está demostrado que luchar contra los elementos es absurdo. Y agotador. Así que, si en alguna situación me siento sobreprotegida, o me hacen sentir inútil (desde el cuidado y el cariño, pero inútil al fin y al cabo), digo una sola vez “Estoy bien”, y no les hago caso. Yo ya me he pronunciado; si pretenden saber mejor que yo lo que me conviene, no lo van a lograr. Pero yo tampoco puedo lograr que, por sus miedos, dejen de verme incapaz para algunas cosas. Si le diera importancia estaría peleando con todos.

Dejadme vivir. Yo soy quien mejor se conoce. Yo sé lo que me conviene. Y mi médico también. No me hagáis más inútil de lo que me veo la mayoría del tiempo. Por favor. Porque, sabéis, todo el mundo necesita ayuda. Del tipo que sea. A unos les limpian la casa, otros llevan a sus hijos a la guardería o les ayudan los abuelos. De toda la vida. Otros piden la compra para llevar a casa. ¡Toma, y yo! Si tienes el servicio, y la ayuda o los medios, ¿por qué no vas a dejar que tu vida sea más sencilla? ¡Eso lo hacemos todos! Y no hace falta estar enfermo para aprovechar las facilidades que encontramos en nuestro día a día. ¿O sólo los “malitos” compramos por internet, o buscamos ayuda en el hogar? Venga, hombre 😁.

Pero ocurre que los enfermos damos mucha pena. Y me parece que, por mucho que me rebele y siga explicando las cosas muy claritas, para bien o para mal, la gente no va a dejar de preocuparse.  Y por eso, una vez más, creo que tenemos que reinventarnos, para dejar clara nuestra postura, nuestra opinión, y nuestras necesidades.

Si ves que estoy haciendo algo que te parece que no puedo, o me preguntas sobre ello, o asume que SÍ QUE PUEDO.

👣

2 comentarios en ““Tú no que no puedes” – Un arma de doble filo

  1. Tu actitud es la correcta, haces lo que puedes en cada momento no haciendo aquellas cosas que sabes que no son buenas para ti, aunque como dices “haciendo la bruta” pudieras. Nuestro cuerpo se comporta como la caja de Pandora, en cada momento no sabemos qué sorpresa nos va deparar. Esa incertidumbre hace que uno mismo no sepa a priori cuál será la capacidad de cada momento, eso es algo que el entorno debe entender y confiar en que se es lo suficientemente coherente como para pedir ayuda si se necesita. De otra forma en nuestro foro interno al ponernos límites otros nos hacen sentir mal e incluso forzar nuestro cuerpo más sin sentido por demostrar que podemos.

    Mucha fuerza, 💪😘
    Una sufridora más

    1. Pandora

      Muchísimas gracias por tu comentario!
      Entiendo que son situaciones que nos pasan a muchos, y que no es fácil que nos entiendan. Pero opino que la confianza y el respeto nos lo merecemos.
      Gracias por tus palabras, pues a veces nos sentimos mal, como dices, por las actitudes de aquellos que se preocupan. No lo podemos evitar, y bastantes batallas hay cada día con uno mismo.
      Ánimo y fuerza siempre!!! 💪😘😘😘

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