A tí, mi mejor compañero

Hace casi 8 años, cuando ya estaba malita pero no lo sabía, me llevé a casa a un gatito precioso.

La primera vez que nos vimos fue ésta. Menos mal que aún la conservo:

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Quise darle una vida mejor que la vida salvaje y supongo que corta que le esperaba.

Nos entendimos desde el primer día. Yo aún trabajaba, y al llegar a casa y ver cada día cómo me recibía y no se despegaba de mí… Bueno, vivíamos los dos solitos y nunca había tenido a un compi de piso así. Y era genial…

Después estuve de baja. Trabajé de nuevo varias semanas. Empeoré y cogí otra baja. Y no volví al trabajo nunca más.

A Xati y a mí nos quedaba muuucho tiempo para pasar juntos las 24 horas del día.

Cuando empezaron a medicarme tanto y estuve tan inmóvil y borracha, atontada y dormida cada dos por tres, sin darme apenas cuenta… él era lo primero que veía al abrir los ojos. Junto a mi cara. Me cuidaba en cierto modo…

Cuando no podía casi moverme, el ritual de arreglarle su cajita de piedras, ponerle agua y comida, y cepillarlo y mimarlo, era a veces lo único que me obligaba a levantarme de la cama. Por supuesto, llegaban horas de la mañana, o casi la tarde, que él venía a mi puerta a llamarme 😉

Mi compañero fiel. Siempre a mi lado. Siempre cuidándome, a su manera. Para mí lo hacía, y con eso me voy a quedar siempre.

Por las noches SIEMPRE teníamos nuestro momento a solas de ver alguna serie, acurrucados, con nuestros mimos…

También era muy malote a veces y me daba muchos dolores de cabeza, porque me costaba la vida a veces arreglar sus desastres. Un gato es un gato y quiere jugar…

Y en casi 8 años, hay tantos recuerdos que es imposible plasmarlos, ponerles palabras, igual de imposible que es olvidarlo.

Porque hoy hace 2 meses que se durmió para siempre.

Nunca jamás pensé que su enfermedad, fulminante, y su marcha, iban a ser tan dolorosas y dejarme un vacío tan inmenso dentro. Sobretodo porque tuve que llevarlo a dormir… Y eso fue tan doloroso…

Cuando pasas años con un ser, da igual quién sea, que ha sido tu mejor compañero, te ha hecho reír y enfadar, te ha dado cariño, te ha enseñado tanto… es muy difícil decir adiós.

Cuando estamos malitos y pasamos días y días en casa, sin saber qué pasa ahí afuera, todo el amor y cuidado que recibimos, venga de donde venga, se eleva al infinito.

Aunque no hace falta estar malito, por supuesto. Pasar tanto tanto tiempo en casa, por el motivo que sea, basta. O ni eso. Tener un animalico contigo  🙂

Yo tuve la suerte de estar con él. Y hacíamos cosas divertidas como esta, que recuerdo con mucha ternura:

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Una amiga a la que admiro y respeto, y muchos conocéis, suele contar que su gatita (muy parecida al mío, por cierto), le salvó la vida. Literalmente. No sabes cómo te entiendo, ahora más que nunca, chiquilla…

Hoy, mi bolita de pelo, te quiero recordar con una sonrisa. Aunque lo hago todos los días. Y no puedo evitar que se me escapen las lágrimas. Pero sé que te dí una vida de la que disfrutaste, bandido mío. Que te cuidé, incluso cuando no podía ni cuidar de mí misma. Que hice todo lo que pude cuando te pusiste malito. Todo. Y hubiera hecho más. Porque nunca creía que de verdad te fueras a ir… Creí que podría salvarte..

Y la Navidad llegó. Y te fuiste .

Y aquellos días, que no sabía que eran los últimos, los pasamos juntos en la camita. Día y noche. Tú apenas te movías pero me mirabas. Parecías tener paz…

Y aquellos días, yo estaba aprendiendo a tocar una nueva canción con la guitarra. Una canción que siempre me gustó. Y decidí aprenderla de una vez. Y a tí te gustaba verme tocar, y oírme cantarte…

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Entonces me dí cuenta de que la letra de esa canción parecía hecha para tí. Decía, bueno, dice, I will try yo fix you

Yo estaba intentando repararte. Curarte. Tu estupenda veterinaria luchó mucho por tí, y se portó muy bien en todo momento. La calidad humana que desprende quien ama a los animales es increíble…

Y ahora esa canción es tuya. Ahora ya la sé tocar. Y si me oyes desde donde estés, que sepas que cada vez que la toco y la canto, es pata .

Nunca pensé que te irías tan pronto y de esa manera. Pero soy feliz por haberte hecho feliz. Por haberte dado un hogar que nunca hubieras tenido. Y todo el amor que tenía para tí, y que todavía tengo. Y soy feliz por todo el cariño que me diste toda tu vida, pequeñin.

Duerme y descansa. Yo estaré por aquí, ya sabes. Y JAMÁS TE OLVIDARÉ.

Gracias, mi fiel compañero

Esta es TU CANCIÓN:

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